La aventura interior

Índice
 

PRÓLOGO 11

Primera parte - 27

CAPÍTULO I. Fundamento biogenético de la introspección - 29
La semiconciencia - 30
El fenómeno de retención - 31
La perceptividad - 33
La memoria - 35
La imaginación - 37
El intelecto - 39
La valorización - 42
El deseo esencial - 44
La relación entre el espíritu y los deseos - 45
La motivación - 48
La culpa vital y la culpa vanidosa - 50
La nerviosidad y la banalización - 53
Supraconsciente y subconsciente - 54
La búsqueda de satisfacción - 58
La armonización de los deseos - 59
La deliberación - 61
El sentido de la vida - 64

CAPÍTULO II. Desarrollo filogenético de la introspección - 65
El pensamiento animista - 66
El pensamiento mítico - 73

CAPÍTULO III. Efectos individuales y sociales de la introspección mórbida - 87
Nerviosidad - 92
Síntomas psicopáticos - 103
Banalización - 109

CAPÍTULO IV. Fundamento epistemológico de la introspección - 131
Espíritu o materia - 131
Evidencia del misterio - 138
Espíritu y materia - 148
La vanidad - 156
Los valores - 163
La escala de los valores - 167
Las leyes del funcionamiento psíquico humano - 169
La justicia inmanente - 172
El cálculo de satisfacción - 178

CAPÍTULO V. El método introspectivo - 181

Segunda parte - 201

CAPÍTULO VI. La técnica introspectiva - 203
Las condiciones del análisis - 203
Las evasiones - 211
Las falsas justificaciones - 220
El punto de partida del análisis: el ilogismo - 228
La toma de conciencia - 230
La precisión de la búsqueda de satisfacción - 234
La experimentación - 240
El falso cálculo de satisfacción - 242
La tarea exaltada - 245
La ley de ambivalencia - 246
Las consecuencias de la tarea exaltada - 249
Los síntomas - 250
La angustia de la opinión - 253
El pequeño cálculo - 256
El mal esencial - 260
El gran cálculo - 264
La previsión - 267
La satisfacción esencial - 268
La exigencia evolutiva - 270
La ponderación - 273
Las cualidades - 277
La responsabilidad - 279
Las contravalorizaciones - 283
El sentimiento del misterio - 288
La complementariedad de las contravalorizaciones - 289
La justicia inmanente - 298
La riqueza de la humanidad y la muerte individual - 302
El sueño - 305
Síntesis - 306
Mal uso del método - 310
Ideal y realidad - 313
Conclusión - 318

 

Jeanine Solotareff
La aventura interior
El método introspectivo de Pail Diel

 

 

PRÓLOGO
DE LA AUTORA A LA EDICIÓN ESPAÑOLA

El propósito de este libro es hacer que los lectores descubran el pensamiento de Paul Diel. Eminentemente científico, este pensamiento está basado en el fenómeno humano de la introspección. Pero el mal uso de la misma constituye en la etapa de la hominización un peligro inherente: dicho mal uso conduce a la introspección mórbida, término que, pese a ser conocido por todos, está mal definido. En efecto, la introspección mórbida es a menudo la única forma admitida de esta función fundamental del espíritu, sin que se sepa con exactitud en qué consiste su morbidez.
Paul Diel nos descubre la importancia del fenómeno introspectivo en sus diversos aspectos, la clarividencia más que consciente de esta facultad, su necesidad para la satisfacción armoniosa del individuo, su utilidad en las relaciones de los seres humanos entre sí. Contempla los errores de la introspección mórbida, su falsa astucia, su engaño, sus consecuencias perniciosas, las angustias y tormentos a que da lugar. Pero demuestra que al hombre le es posible transformar su introspección mórbida en introspección lúcida. Esta simple posibilidad, la transformación de la morbidez psíquica en salud del alma, permite ya comprender que la introspección mórbida intenta falsear lo que somos, es la mentira sobre uno mismo recomenzada una y otra vez, que nos hunde cada vez más en el error y en el sufrimiento. Pero la falsedad se pone en evidencia. ¿Será posible entonces desenmascarar esta mentira o más bien estas mentiras, origen de nuestros extravíos, de nuestra pérdida de fe en la vida, de nuestra falta de confianza en nosotros mismos y en los demás, porque a fuerza de mentirse, el individuo duda de todo? ¿Será posible sustituir este juego imaginativo y perverso por la verdad sobre nosotros mismos?
Un riguroso método de análisis del funcionamiento psíquico que permita al individuo encontrar, o reencontrar, la armonía interior al margen de cualquier creencia religiosa, ofrece una solución extraordinariamente válida al problema del sufrimiento humano en una época de desorientación ética como la que vivimos.
Más aún, este método aporta una esperanza de evolución no sólo para el individuo, sino también para la humanidad, comprometida desde hace milenios con el camino de la lucidez, perceptiva en el nivel animal (percepción del espacio), reflexiva en el nivel humano. Pero la reflexión humana es a menudo insegura, influenciada por esta necesidad inherente a la etapa de la individuación de tomarse a sí mismo por el summum de la vida. Idealización del yo y ciega sumisión a sus exigencias, la introspección mórbida es, como se demuestra en esta obra, la fuente de los sufrimientos patológicos. Crea la duda tanto sobre sí como sobre el otro, tanto sobre el sentido de la vida como sobre la capacidad evolutiva del ser humano. La introspección mórbida, fenómeno universalmente reconocido, es una desviación de la necesidad sensata de conocerse, de estimarse y de amarse.
Este libro se propone pues mostrar la importancia de la capacidad introspectiva en la vida humana y sus manifestaciones en todos los logros evolutivos de la humanidad, tanto civilizadores como culturales. Los mitos y los sistemas filosóficos se arraigan en la necesidad de comprender, de encontrar el sentido de la vida, de descubrir la ética esencial capaz de conducir al hombre al camino de la satisfacción. ¿Qué otro medio sino la inmersión introspectiva en el fuero interno del individuo podría aportar la solución a esta búsqueda fundamental sobre la vida humana y su destino? Sólo las profundidades de la conciencia pueden revelarnos sus secretos, instruirnos sobre lo que es un ser humano, sobre sus necesidades esenciales, sobre sus capacidades evolutivas.
La aportación de Paul Diel consiste en haber convertido en ciencia el estudio del funciona-
miento psíquico.
Con la obra de Paul Diel, la psicología de las profundidades llega a la elaboración de un método capaz de guiar la introspección personal, y de oponerse de este modo a la introspección mórbida, desviación responsable tanto de la angustia individual como de la angus-
tia social.
La ciencia del mundo interior está basada, como toda ciencia, en un axioma de partida: la búsqueda de satisfacción es un fenómeno inherente a toda forma de vida. A este axioma se añade la formulación de las leyes que rigen la psique humana: ley de armonía y ley de desarmonía o ley de ambivalencia. Como todo método científico, este método desemboca en una experiencia propuesta a toda persona ávida de salir de la desorientación que le hace perder el gusto por la vida. Es accesible a todos, pero exige una apertura de espíritu y un trabajo sobre sí más o menos largo, según la exigencia de cada uno y su grado de perturbación.
La obra de Paul Diel, la psicología de la motivación o ciencia de los motivos, está esencialmente basada en la introspección, y requiere, para que su significado profundo sea comprendido, una aproximación exenta de las ideologías establecidas.
El lector que descubre el funcionamiento del psiquismo humano y las leyes que lo rigen tenderá a percibir los descubrimientos enunciados, sea como un conjunto de proposiciones moralizantes, en tanto que están centrados en el problema de los valores, sea como un conjunto de proposiciones amoralizantes, en tanto que ponen en evidencia la importancia de la satisfacción de los deseos materiales y sexuales. Estas dos actitudes crean así, si no son comprendidas del todo, una adhesión o una resistencia afectivamente justificadas.
Los desarrollos ulteriores mostrarán que la ética propuesta, resultado del análisis psicológico de las funciones psíquicas, se opone tanto al moralismo como
al amoralismo.
El pensamiento de Paul Diel exige, para ser comprendido realmente, que el lector participe en el descubrimiento que se le propone: da acceso a conocer el funcionamiento del consciente y del extraconsciente en su relación íntima.
Los múltiples aspectos de las funciones psíquicas (biogenética, psicológica, ética, simbólica) son abordados en cada una de las diferentes obras de Paul Diel con una orientación preferencial.
Como toda ciencia, el método introspectivo utiliza términos en extremo precisos, definidos no de forma lexicográfica, sino gracias a desarrollos explicativos que permiten comprender su exacta significación psicológica. Las relaciones establecidas entre estos diferentes términos refuerzan su precisión y la eficacia de su uso.
Así, definir la aceptación permite comprender el error de la resignación; definir el amor permite comprender que la debilidad sentimental es todo lo contrario.
El trabajo que me propuse a partir de la obra de Paul Diel fue poner en evidencia el arraigo biogenético de la introspección, es decir, la formación en el ser humano de una capacidad de conocer su deliberación interior que obedece a una búsqueda de satisfacción. Descubrir y tomar conciencia de la propia deliberación es absolutamente necesario para la vida humana por el simple hecho de que ésta se desarrolla en un tiempo de tres dimensiones: poder proyectar en el futuro la experiencia adquirida en el pasado con la esperanza de actuar de manera consecuente y satisfactoria.
Así pues, el presente estudio pretende mostrar la importancia de esta función esencial en el desarrollo evolutivo de los organismos humanos. La introspección desempeña, como se demostrará, un papel importante en todas las adquisiciones de la humanidad tanto intelectuales como espirituales, en todos los esfuerzos del pensamiento, en todas las realizaciones sublimativas del carácter.
Comprender el fenómeno introspectivo aclara tanto la evolución como la involución del psiquismo humano. La introspección es el mejor medio para comprender la vida y su sentido, porque llevamos en nosotros el conocimiento intuitivo de lo que nos destruye y de lo que puede construirnos. El supraconsciente, forma evolucionada del instinto animal, es el guardián de nuestra relativa armonía, participa de manera esencial en el trabajo de armonización de nuestros múltiples deseos, pensamientos, sentimientos y acciones.
El estudio metódico del funcionamiento psíquico asumido por Paul Diel establece una técnica de introspección que se propone el saneamiento del psiquismo: la liberación, siempre relativa, de la afectividad egocéntrica.
La introspección metódica permite establecer una certeza capaz de liberar tanto de la duda destructiva hacia los valores como de la creencia ciega, su contrapolo ambivalente. Ataca, después de haberlas definido como errores vitales, la exaltación hacia el espíritu y la exaltación hacia la materia. Muestra que el error vital, origen del sufrimiento patológico, es un daño que uno se hace a sí mismo y reside únicamente en la exaltación de los deseos, ya sean materiales, sexuales o espirituales.
La técnica introspectiva tiene como finalidad permitir al espíritu el ejercicio de su función más decisiva: valorizar justamente los deseos materiales, sexuales y espirituales, es decir, atribuirles un preciso valor de satisfacción. La técnica introspectiva desarrolla así una ética natural que justifica la búsqueda de la satisfacción.
La ética, basada de este modo en la biología y conocida intuitivamente desde siempre por el ser humano, está liberada en principio de toda obligación moralizante. Esta ética se hace realidad a través de un análisis de todas las formas de afectividad cuyas expresiones estereotipadas responden a patrones definidos y definibles. Para que se reconstituya la energía psíquica, el “yo” esencial (antitético del “yo” exaltado) debe centrarse alrededor de una visión objetivada de la vida y de su sentido. Este trabajo de análisis y de síntesis se lleva a cabo durante los múltiples incidentes de la vida diaria. La búsqueda introspectiva y metódica, dictada por la necesidad de reconciliarse consigo mismo, conduce a la reconciliación con el otro.
Conocimiento teórico del funcionamiento psíquico y experimentación en la vida cotidiana son inseparables. Se apoyan el uno en el otro para orientar al ser humano hacia el sentido de la vida, que conviene definir biogenéticamente para acabar con las preguntas sin respuesta. El sentido de la vida, su dirección evolutiva, es un lento devenir hacia la lucidez que se desarrolla en el transcurso de los milenios, desde las primeras manifestaciones de la vida animal hasta las de la vida humana, y que aún sigue en marcha. En el nivel de cada individuo, la exigencia interna y biológicamente impuesta por la misma vida es una búsqueda de lucidez sobre sí mismo con el fin de alcanzar una satisfacción más intensa. El trabajo de armonización de los deseos permite asumir dicha búsqueda.
La teoría invita a emprender experimentalmente lo que, en el pasado, propuso el mito con la ayuda de imágenes: el trabajo de armonización de los deseos (su control lúcido), simbolizado por el combate de las divinidades (funciones psíquicas positivas) contra los monstruos (funciones psíquicas pervertidas por la exaltación).
El trabajo intrapsíquico necesario para obtener la satisfacción se basa en el deseo esencial de armonía, “inmanente a la naturaleza humana, a toda la naturaleza, bajo la forma de una misteriosa intencionalidad evolutiva. El deseo esencial, en su aspecto misterioso, es el impulso de animación o impulso vital”(1). En el nivel humano, puede ser llamado impulso de armonización, pues para el humano es vital armonizar sus deseos a fin de encontrar una satisfacción duradera ya que los deseos inarmonizables, al estar en contradicción unos con otros, son imposibles de satisfacer.
El requisito necesario y suficiente para comprometerse con la aventura interior es un plazo de confianza que, para resultar fructífero, deber ser completado con una duda científica, lo que proporciona la exigencia y la perseverancia que se requieren en la experimentación de uno mismo. Entonces se descubre un yo desconocido, y no obstante presentido, asfixiado por las intenciones demasiado buenas y los prejuicios moralizantes, desviado de su auténtica búsqueda de satisfacción por la búsqueda exaltada de objetivos tanto exteriores como interiores: este yo desconocido es el impulso de superación.
El fin buscado es adquirir un método de pensamiento, una visión renovada de la vida y de su sentido, una liberación dinámica de la afectividad obnubilante y de las angustias, de donde resulta una capacidad de vivir con desenfado y alegría la vida cotidiana, y de asumir con valor lo que, más o menos inevitablemente, tiene de trágico.
La verdad sobre el funcionamiento psíquico es legal; como la vida es evolutiva, la verdad que lo aprehende también es evolutiva. Dado que el psicoanálisis introspectivo es ciencia del mundo interior, se desarrollará a medida que el mundo interior evolucione.
Este método, para cumplir su función esencial que es ayudar al hombre a vivir mejor, debe, como sistema coherente de pensamiento, negarse a admitir como verdadero lo que no está establecido de modo introspectivo ni verificado experimentalmente.
Dicho de otra manera, el sistema de valorización al que conduce el estudio de la motivación del psiquismo tiene que desarrollarse de una manera interna, orgánica, de acuerdo con las exigencias vitales de la satisfacción. Ciencia del mundo interior, la psicología de la motivación no hace más que continuar la vía evolutiva propia del psiquismo humano. Éste, a semejanza de la célula y de todo organismo vivo, se abre al mundo exterior porque se alimenta de las imágenes del mundo que integra (actividad de la imaginación); actúa sobre el mundo exterior, al que transforma (trabajo del intelecto); se une al mundo que suscita su reflexión y su acción (tarea del espíritu teórico y práctico). Pero al mismo tiempo, es necesario cierto cierre al mundo y a sus tentaciones para que la energía psíquica no se disperse en la persecución exaltada de una multiplicidad de objetivos.
Trabajé con Paul Diel durante quince años aproximadamente. Era un trabajo de análisis a razón de una sesión a la semana los cuatro primeros años; más adelante, de dos sesiones a la semana cuando yo misma comencé a trabajar como terapeuta. No dejé el trabajo con Paul Diel hasta su muerte. Diel era más incisivo de lo que yo pueda serlo. La fuerza de espíritu que lo caracterizaba se expresaba en todo su ser. No hacía “regalos” cuando asumía su función de “buscador de la verdad”, pero tenía un resplandor de bondad reconfortante.
Pasé muchas vacaciones con los Diel, acompañada por mis hijos y mi marido, cuando las obras de este último (era arquitecto) se lo permitían. Durante esos periodos, lo más a menudo en la montaña, trabajaba con Paul Diel dos o tres horas cada mañana. Aparte de mi análisis personal, desarrollé por escrito durante algunos años proposiciones leídas en sus libros con el fin de comprenderlas más en profundidad. De este modo, iba desarrollando las relaciones implícitas contenidas en estas proposiciones, que eran extremadamente sintéticas.
“El mensaje de alegría es alegría de conocimiento”, nos dice Paul Diel en Le symbolisme dans la Bible(2). ¿Cómo comprender esta sentencia? ¿Cuál es el mensaje de alegría? Se formula así: todo hombre puede renacer de la muerte de su alma; todo hombre puede, si lo desea de verdad, abandonar las falsas promesas de la banalización (placeres sexuales perversos, persecución desenfrenada del éxito material, cinismo moral) para encontrar las alegrías del espíritu (amor a la verdad, que da acceso a todas las formas elevadas del amor). Esta comprensión del mensaje de alegría implica conocer y reconocer el error de la banalización; entonces, el sentido de la vida se desvela, y el mensaje de alegría, portador de esperanza y de confianza, se comprende.
Cada frase de Diel sugiere desarrollos que poco a poco tejen una red de verdades vinculadas unas a otras, y que se aclaran unas a otras.
He practicado mucho tiempo esta manera de profundizar en el pensamiento dieliano. Diel, que conocía mi trabajo, me explicaba lo que yo no había comprendido del todo, y me animaba a proseguir en esta dirección, diciéndome que era así como había procedido él mismo con los filósofos cuyas obras había estudiado durante mucho tiempo. En aquella época, nunca pensé escribir para el público.
De hecho, no contemplé la idea de publicar hasta varios años después de la muerte de Paul Diel. Mi primer libro trataba sobre la interpretación de los sueños. Utilicé las interpretaciones orales dadas por Diel durante su clase semanal de interpretación de sueños. Puse por escrito una selección de sueños ya interpretados por él, como indico en el prólogo a Le symbolisme dans les rêves(3). Esto me llevó varios años, pero me permitió profundizar en el método de interpretación del simbolismo onírico, trabajo que he continuado desde entonces.
En realidad, por lo que se refiere al método interpretativo en sí mismo, más que transcribir directamente las explicaciones de Diel sobre este tema, me impuse encontrar el proceso en virtud del cual el espíritu pasa del plano de la realidad al plano simbólico, del plano de la imagen al plano del símbolo. Durante mucho tiempo fue para mí una especie de enigma, y ya no tenía la posibilidad de preguntarle a Diel. Tuve que buscar yo misma, y nada hay más provechoso. Pero, como acabo de decir, me exigió mucho tiempo.
¿Cómo comprender por ejemplo que el árbol pueda llegar a ser el símbolo del impulso? Las características esenciales del árbol en tanto que elemento de la realidad, arraigado en la tierra y lanzándose hacia el cielo, permiten comprender por analogía que el árbol pueda representar el impulso humano cuyo asiento biológico echa raíces en los deseos terrenales, y cuya fuerza vital se despliega en valores elevados.
La clave fue comprender, a través de mi propio trabajo introspectivo, que todo objeto del mundo exterior está necesariamente vinculado a un juicio sobre ese objeto: es hermoso, es feo, lo quiero, lo rechazo, etc., es decir, lo valoro como una promesa de satisfacción o de insatisfacción; por eso, todo objeto va a poder representar mi capacidad valorizadora justa o falsa, es decir, mi imaginación exaltada o creadora, mi impulso o mi debilidad. Al utilizar la imagen de un cirujano para representar en un sueño al terapeuta, hago un juicio de valor sobre él: lo veo como una ayuda eficaz. Pero este juicio de valor sobre él es un juicio de valor sobre mí: soy capaz de reconocer la eficacia de la terapia. Si lo represento con la imagen de un carnicero, expreso una desvalorización que repercute sobre mí como incapaz de soportar la intervención terapéutica.
¿De dónde viene esta facultad del espíritu capaz de elaborar un lenguaje cuya función es denunciar nuestros errores esenciales, es decir, nuestros errores en relación al sentido de la vida? Me hacía falta comprender que esta facultad al servicio de la vida es tan fundamental como el instinto animal. Basados en la necesidad de armonía entre el organismo y su entorno, y capaces de salvaguardar la integridad del individuo animal o humano, el instinto y su homólogo humano, el supraconsciente, asumen la necesidad biológica de la supervivencia satisfactoria.
Sin ni siquiera conocer la significación del lenguaje simbólico, éste tiene un impacto sobre la conciencia a través del sueño o del síntoma psicopático. Tal impacto se debe a que la instancia supraconsciente (por encima del consciente en cuanto a lucidez sobre nosotros mismos) nos advierte del error esencial que cometemos, gracias a un sentimiento de culpa que se manifiesta en la vida diurna o por medio de los sueños nocturnos. El propio síntoma psicopático es un mensaje que el método introspectivo es capaz de descifrar.
Sabemos supraconscientemente, sin haberlo aprendido nunca, que el sentido de la vida es el trabajo de armonización de los deseos.
La gran diferencia entre el hombre y el animal en este plano es que el hombre puede no percibir, o incluso ignorar, el mensaje que le llega a través de un sentimiento de culpabilidad más o menos intenso o por las imágenes de sus sueños, mientras que el animal no puede ir contra las imposiciones del instinto.
Este trabajo sobre el lenguaje de los sueños es apropiado para llenar el espíritu de admiración ante la magnífica organización del psiquismo humano y la eficacia prodigiosa del método introspectivo.
Mis libros no son más que la prolongación de este trabajo de profundización emprendido durante años para mi mayor disfrute. Nunca podré expresar suficientemente el bien que este trabajo me ha procurado en tanto que analizada y en tanto que analista. Lo que el analista propone al otro, también se lo propone a sí mismo. Por muchas veces que sean evocadas las valorizaciones justas, nunca es demasiado. Aportan una y otra vez el consuelo de la verdad. La emoción que suscita el contacto vivido con el sufrimiento del otro y la certeza de poder permitir al analizado que se libere participan en toda empresa analítica.
La amistad y la confianza que se desarrollan entre el analizado y el analista se suman al placer de transmitir un método cuya eficacia se ha experimentado.
En cuanto a la profundización teórica de este trabajo, nunca se termina. Descubro, después de más de cincuenta años de estudio del pensamiento de Diel, nuevas formas de entender, nuevas relaciones analógicas. Si se encuentran textualmente en los libros de Diel, no sabría ahora decirlo, y poco importa: forman parte del método, y estoy persuadida de que este método proseguirá su camino evolutivo en el transcurso de los siglos.
El pensamiento de Paul Diel fue fecundado por un largo estudio de los grandes filósofos, desde Platón a Hegel, luego por el estudio de Freud, Adler y Jung. La capacidad introspectiva es el fundamento de toda investigación sobre el psiquismo humano. Los grandes filósofos se han caracterizado por una lucidez sobre ellos mismos a la que su capacidad introspectiva no es en absoluto ajena.
La filosofía se ha elaborado a través de los siglos, apoyándose cada investigador en los descubrimientos de sus predecesores. Así, Descartes abrió el camino a la filosofía moderna dando al pensamiento toda su importancia. Pero como Descartes no conocía aún el fenómeno de la represión, estudió sólo el pensamiento consciente. Tuvo que llegar Freud para descubrir la inmensa reserva de un pensamiento afectivo que se sustrae al conocimiento consciente; Freud fue el primero que señaló el inconsciente, mejor llamado subconsciente, aquello que reprimimos porque no queremos saber lo que se oculta en el fondo de nosotros mismos, pero de lo que sin embargo podemos tomar conciencia. Desde esta perspectiva es mejor hablar de subconsciente que de inconsciente. Si no queremos saber lo que se oculta en lo más recóndito de nuestro ser, ¿no es ésa la prueba de que lo sabemos, en otras palabras, de que hacemos introspección, es decir, de que tomamos conciencia de los sentimientos que están en nosotros, pero que reprimimos en seguida porque nos da vergüenza? Tal es la introspección mórbida. Si nos ocultamos a nosotros mismos lo que nos parece vergonzoso confesar, ¿no es precisamente porque tenemos de ello cierto conocimiento? De no ser así, la introspección no sería posible.
Freud dio el nombre de narcisismo a la importancia excesiva que el hombre se da. ¿Cómo habría podido si no hubiera hecho introspección?
Spinoza estudia las leyes de la naturaleza. “Las leyes profundas de la naturaleza humana son las leyes de la razón”, nos dice (Ética, Proposición 35). ¿Podría haber detectado estas leyes y reglas que son para él universales de otro modo que no fuese una observación rigurosa de sí mismo? Nos dice además: “La razón no pide nada contra la naturaleza, pide que cada uno se ame a sí mismo (...) y que la virtud sea deseada por ella misma”. La razón no es sino la exigencia supraconsciente, lúcida sobre lo que nos hace daño, lúcida sobre lo que nos hace bien, esencialmente hablando.
La introspección es, en última instancia, el único medio de establecer una ética y de poder asumirla porque sólo ella permite saber el daño que nos hacemos y el bien que podemos hacernos. Sólo la lucidez es moral, y la lucidez se da, bien por una introspección sana espontánea (introspección natural o “sentido común”), bien por una introspección metódica.
Ésa es la aportación indiscutible de Paul Diel, el método introspectivo que permite no caer en la introspección mórbida. Proporciona parapetos a través de las leyes, una técnica a través de las definiciones. Las contravalorizaciones se apoyan en la realidad biológica, lo que Spinoza llamó naturaleza, es decir, en certezas demostradas y demostrables, evidencias.
Tuvo que llegar Paul Diel para mostrar que el pensamiento alcanza todo su poder cuando se libera de la vanidad subconsciente que falsea la reflexión consciente y supraconsciente.
Este trabajo está basado en los descubrimientos de Paul Diel. Por eso se dan las referencias a sus obras en notas a pie de página, a fin de permitir al lector profundizar en las proposiciones de la ciencia de los motivos con mayor amplitud. La ciencia de los motivos permite al individuo desarrollar lo mejor posible la lucidez que concierne a su mundo interior, desplegar lo mejor posible sus capacidades esenciales, e incrementar así su placer de vivir.
El pensamiento de Paul Diel es muy sintético, lo que lo hace a primera vista difícil de comprender. De origen germánico, Paul Diel escribe en un estilo muy denso y sus frases son largas, lo que desorienta un poco al lector de nuestros países latinos. Además, su pensamiento, que va en contra de las convenciones, nos desorienta al principio. Demuestra entre otras cosas que los “traumas pasados” no tienen la importancia que la escuela freudiana y los convencionalismos actuales les dan.
Se propone al lector una nueva concepción de la vida y de su sentido. Poco a poco, el lector, tanto si ha sido analizado como si conoce el método por primera vez, toma contacto con una escala de valores nueva en su formulación, pero no obstante ancestral.
Es importante advertir del carácter no literario de los trabajos de Paul Diel, así como de esta obra. Los términos se emplean en una acepción muy precisa, de ahí la necesidad de recurrir, cada vez que lo exija la precisión del pensamiento, a esos mismos términos, aun a riesgo de repeticiones.
Por una parte, la presente obra da cuenta de estos diferentes puntos apoyándose en el conjunto de los escritos de Paul Diel y por otra, describe y explicita en detalle el método introspectivo. Comporta una primera parte teórica (desarrollo biogenético y filogenético de la introspección) y una segunda parte consagrada a la experiencia propuesta (técnica introspectiva). Este plan me ha parecido el más fiel tanto al orden natural como al lógico. Cada cual comienza por entrever las bases teóricas que se le proponen y las juzga antes de emprender la experiencia propuesta. Sin embargo, si el lector prefiere abordar de entrada dicha experiencia, podrá leer la segunda parte antes que la primera. En este caso, puede ser que experimente al principio algunas dificultades de comprensión, que serán resueltas más tarde cuando tome conciencia de la parte teórica, puesto que las definiciones de los términos así como la demostración de ciertas proposiciones se encuentran formuladas en la primera parte.

Jeanine Solotareff
Herblay, mayo de 2007

 

NOTAS

1 Paul Diel, Psychologie de la motivation. Payot, Paris, 1991.

2 Payot, Paris, 1989.

3 Jeanine Solotareff. Petite Bibliothèque Payot, Paris, 1979.